Otra fiesta de la discordia 

Pasó la celebración de todos los Santos o como decía mi abuela los tosantos y la de Halloween y ahora empieza la polémica.

¡Cómo nos gusta una polémica! Que vidilla nos da criticar lo que hacen los demás para demostrar que bien lo hacemos o como es mejor todo aquello que es nuestro, lo que consideramos nuestras tradiciones, lo que hacían nuestros abuelos.

Gran palabra NUESTRO aunque sería mejor, más contundente decir dos grandes palabras… LO NUESTRO. Porque, ¿Cómo pueden ser mejores las calabazas que los huesos de santos o las castañas? ¿Cómo se puede introducir a los niños en las tradiciones de los americanos perdiendo las nuestras?

A veces me pregunto que hubiera sido de lo nuestro sin lo de ellos. Muchos y grandes son los inventores españoles pero no olvidemos que somos un punto en el traje de lunares que es el universo. Supimos exprimir la cultura árabe, de la que a pesar de muchos, tenemos grandes y sanas costumbres.

No entiendo porque tenemos que demonizar la globalización, porque tenemos que aferrarnos a un pasado cuando podemos enriquecer nuestro futuro. Llamamos tradición a todo lo que nos enseñaron nuestros padres que a su vez lo aprendieron de los suyos. En el mundo en el que me crié, LO NUESTRO era que las mujeres se quedaran en casa cuidando de los hijos y luego de los padres. Todavía podemos oír la frase, claro como no tiene hijas…

Procuremos buscar las zonas amables de la vida, aquellas que nos enseñan a no olvidar y a aprender a la vez. Aquellas que nos llenan el alma con nuestros recuerdos, sabores, olores… Sin repudiar las nuevas, las que nos hacen descubrir todo un mundo para nuestros sentidos y nuestro sentir.

¡Menos mal que nos trajimos las patatas de América y las especias de Asia! Ahora tenemos las papas arrugás con mojo tan tradicionales en Canarias. No tendríamos gazpacho sin tomate, que también vino de América. Las tradiciones se convierten en tales cuando nos las enseñan nuestros padres.

Si hace años que ponemos el árbol de Navidad y Papá Noel o Santa Claus, que dicho sea de paso no es americano sino que originariamente es una figura cristiana, viene a nuestras casas para regalar a nuestros hijos y nietos en Navidad, ¿porqué no adaptarnos y tomar prestado, de momento, hasta que las hagamos nuestras, ciertas costumbres que lejos de ser dañinas son divertidas?

No debemos perder nuestras tradiciones pero que tampoco tenemos que ahogar las nuevas tendencias, no convertir cualquier fiesta distinta a las de siempre en

Otra fiesta de la discordia

2 respuestas a “Otra fiesta de la discordia ”

  1. ??

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