Voy a sacar la vajilla y no es Navidad… Sonríes y se te coge un pellizco en el estómago, vuelves a sonreír y recuerdas…
Vienen mis amigos, esos con los que pasé mi primera mi juventud con los que hice mi primer viaje. Esos con los que no deberíamos perder contacto porque son parte importante de nuestra vida. El puente que unió nuestra juventud loca bueno más o menos, con nuestra madurez cuerda, de nuevo más o menos
¡Cuántos años, cuanto tiempo sin vernos! Y me pregunto ¿Por qué hemos esperado? Sabíamos cómo localizarnos, incluso casi éramos vecinos. La respuesta, nos hemos acomodado, pero no sólo a no ver a los amigos, a no ir al cine a no socializar, en definitiva, nos hemos vuelto huraños, antisociales e incluso unos ermitaños.
Pero bueno, tenemos nuestras plataformas de streaming. Ahora nuestras prioridades se reducen a tener contratada la plataforma en la que se exhibe la serie que ve todo el mundo. Es imprescindible para poder socializar, al fin y al cabo es el tema de conversación por excelencia.
Y una vez que se han ido te das cuenta de que, aunque hayan pasado los años todo sigue igual, nos reímos igual, hablamos igual disfrutamos igual. No podemos dejarlo para luego, se nos va la vida y no nos damos cuenta
No tenemos edad de procastinar, no somos adolescentes dijo uno de mis amigos. Eso no es del todo cierto hace muy poco que éramos adolescentes, creo, o al menos así me lo parece. A ver, haciendo cuentas sólo hace ¡45 años! Bueno pero la juventud se lleva en la cabeza, no en el carnet de identidad. ¿Estamos seguros de eso?
Ni en la vejez ni en la juventud, no deberíamos pensar en hacerlo luego, ahora es el momento el tiempo pasa. No olvidemos que, aunque los días pueden ser muy largos, sobre todo los laborables, los años vuelan. Así que juntémonos más y programemos menos. No dejemos pasar el tiempo tengamos la edad que tengamos. Sólo me queda decir una cosa
¿Para cuándo la próxima?
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