Cuántas veces hemos pensado e incluso dicho, Te lo mereces… Lo curioso es que la mayoría de las ocasiones lo decimos cómo sinónimo de «te está bien empleado». Es muy fácil decirle a alguien, lo que te pasa te lo has buscado tu solito. Nos resulta muy cómodo pronunciarnos ante una consecuencia de alguna mala acción o más bien un mal desenlace. Sin embargo, lo único que se enaltece cuando el desenlace es bueno, agradable, para nuestro compañero, es nuestra envidia.
En el caso de la política, bueno en el caso de los políticos, esta cuestión es llevada al extremo. Todo el que pierde las elecciones se lo merece, sobre todo si es el que no votamos. Sin embargo en el caso opuesto, lo único que pensamos del ganador es a ver cuánto tarda en estropearlo, en robar, en enchufar a alguien en fin en hacerlo mal.
Tal vez ese sea el secreto de nuestros desengaños con los políticos. Realmente nos lo buscamos nosotros solitos, entre otras cosas porque los hemos votado nosotros. La opción menos mala nos lleva al desengaño más BRUTAL. A veces pienso que podríamos hacer algo al respecto. ¿Cambiando a los políticos? ¡No por favor! felicitando a los que triunfan y diciéndoles que se lo merecen.
Claro que en este caso tenemos otra frase que se ajusta más a lo que pensamos la mayoría de las veces. ¡Pero qué suerte tienes amig@…! Recuerdo oír a mi padre decir «al saber jugar le llaman suerte”, pero en este país de envidiosos esta posibilidad no se contempla. Ah bueno pero eso es lo que decían los de la época de mi padre, ahora la gente es más comprensiva y menos envidiosa.
¿Seguro?
Y ahora me pregunto, cuando asciende un compañero, ¿Qué nos alegra más el triunfo de uno o la derrota del otro? Creo que es hora de que aprendamos a llorar con el que pierde y a reír con el que gana. O mejor a empatizar con ambos y a acompañarlos por la senda que elija el protagonista.
Pero en el caso del que gana espero que alguien le diga que es un triunfo merecido, que le diga, amig@
¡Te lo mereces!
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