Cuando llama a la puerta no importa tu tarifa eléctrica, ni si estás a mitad de mes, ni si tienes la calefacción muy alta porque es una hora baratita… Cuando llama el frío te recorre todo el cuerpo y tardas en entrar en calor.
La Parca no avisa, no tiene una lista por edades ni se preocupa si has terminado el puchero para este medio día. Es más creo que lo que más le gusta es eso, lo imprevisto de su llegada. Saber que cuando llegue estarás pensando en el viaje de mañana o en lo bien que has organizado el próximo fin de semana. En fin en todo lo que vas a hacer mañana mientras que el hoy se te escapa entre los dedos.
A veces el timbre que suena es el de nuestro vecino y, reconozcámoslo, lo primero que hacemos es suspirar, no es nuestra puerta. Y durante unos instantes tomamos conciencia de que estamos de paso, pero no de cualquier forma sino por un puente colgante de madera cuyos tablones están fijos, o no y a lo mejor en el siguiente paso, sin que tenga que ser un gran salto, nos precipitamos al vacío. Tomamos conciencia que aunque el timbre no sea el nuestro, puede que en esta ocasión venga de camino, haya hecho una paradita, y en breve nos llamará.
Cuando se acerque y nos encuentre se colocará en nuestra puerta y antes de que nos pongamos en guardia entrará sin más, así que para qué poner candados o mirillas para adelantarnos a su llegada, para estar en guardia. El resultado de nuestra prudencia será el mismo que el de no prestar atención al futuro sino a nuestro presente.
Dejemos las puertas abiertas, quitemos los timbres y vivamos intensamente. No pensemos en lo que vamos a hacer sino en lo que estamos haciendo, atesoremos vivencias. La Parca no se va a detener en llamar ni va a esperar a que le abramos, así que ventilemos nuestra vida, que corra el aire, la alegría, la pena, el desconsuelo, la emoción, en definitiva LA VIDA y que cuando llegue la hora no la miremos de reojo, aunque nos intimide. Aspiremos a que en la medida de lo posible nos pille habiendo consumido toda nuestra leña y sólo tengamos rescoldos para el frío que se acerca.
No le diremos entra, pero no la detendremos, a fin de cuentas
Entrará queramos o no
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