Todos sabemos hay días y días. Días en los que somos muy felices y otros en los que lloramos, aunque cuando estás en los días tristes, no te acuerdas de los alegres. Nos han enseñado a quejarnos, a regodearnos en nuestro sufrimiento hasta el punto de no ser capaces de celebrar nuestra la felicidad. Hasta el punto de pensar que se acercan los días malos porque la buena racha no durará.
Lo mismo pasa con las noticias, sólo malas noticias. Me contaron que alguien tuvo la ingenua idea de crear un canal sólo con buenas noticias… no duró, fue un fracaso. Luego están las películas, nos hablan de comedia romántica para que nos deslicemos por una montaña rusa de sensaciones, de risas, de llanto… Y al final ¿Podemos asegurar que hemos sonreído más veces de las que hemos sollozado? Bueno, por lo menos las películas tienen un final feliz… Casi siempre.
He intentado vivir pensando en el ahora. Lo que pasó ayer no tiene remedio y mañana, bueno sé positivamente que el mañana me va a sorprender. No es fácil porque siempre te encuentras a quien está llorando por lo que no hizo o sufriendo por lo que no va a poder hacer, y esta situación es tan cotidiana como agotadora. Luego, cuando la suerte te sonríe y te encuentras junto a esa persona vital, detallista, optimista y cariñosa, suena el despertador.
Creo que igual que el más inteligente es quien se rodea de gente inteligente, el más feliz es el que se rodea de gente predispuesta a ser feliz. Esta situación se retroalimenta positivamente y de manera exponencial, de tal forma que cuanto más felices estamos más felicidad contagiamos y lo mismo nos ocurre con los demás.
Creo que deberíamos rodearnos de gente feliz o al menos de gente que fuese capaz de pensar que puesto que nos han enseñado que todo pasa, es lógico suponer que lo malo pasará porque la mala racha no durará eternamente. Según mi experiencia en una mala racha continua existen momentos que podríamos considerar de felicidad, pero los fagocitamos y los rodeamos con nuestra mala racha continua.
No nos han preparado para saltar al vacío, para la aventura. Cuando somos jóvenes intentamos sacar los pies del plato, pero nadie nos anima a descubrir nuestro lado aventurero. Nos enseñan mesura y moderación, porque las locuras no llevan a nada bueno. Personalmente tengo una gran admiración por todas aquellas personas a las que tacharon de locas, pero no por lo extraordinario de sus resultados, sino porque realmente son mucho más asombrosas de lo que se ve a simple vista. Pensemos que no sólo han hecho cosas extraordinarias, sino que han tenido que demostrar su valía mucho más allá de lo habitual. Siendo considerados al principio de su andadura como alguien raro, loco e incluso molesto.
Te pasas media vida eligiendo, creyendo que haces lo correcto para darte cuenta después que te has equivocado. Aunque te das cuenta también que no volverías atrás para escoger otro camino si todo ello cambia el presente que tienes y decides seguir Día a día
Deja un comentario