He oído que hay un pueblo donde han hecho de los saludos algo obligatorio, pueden incluso multarte si no das los buenos días o no dices hola. Parece increíble pero es verdad. Hasta ese punto hemos llegado, y ahora empezamos a darnos cuenta de la importancia de la educación, bueno no, de la cortesía y los buenos modales porque la educación es otra cosa.
Es otra cosa que va incluso por delante de la cortesía. ¿De qué sirve un día de la mujer si hay hombres que piensan erróneamente que se les ningunea con esta celebración? Es curioso que se sientan así, víctimas de un adoctrinamiento, cuando realmente es un problema de educación. Tenemos la fea costumbre de llamar adoctrinamiento a todo aquello que tiene como objetivo cambiar los hábitos, haciendo la vida más fácil de unos y modificando la del resto.
Me contaba una amiga que ella tenía ocho primos, todos varones, y que cuando iban a casa de la abuela al campo, después de varias miradas altaneras, para evitar decir algo, venía la frase lapidaria: venga niña, vamos a quitar la mesa. De esta forma mientras que sus primos jugaban ella quitaba la mesa con su abuela y recogía la cocina.
Pero esto ya no pasa. ¿Seguro? Quizás ocurre con menos frecuencia pero sucede. ¿Cuántas mujeres siguen sin poder optar a puestos de responsabilidad porque no pueden conciliar mientras que sus parejas son directivos? ¿Cuántas cambian sus aspiraciones laborales o forma de vida porque la familia es lo primero?
Esto sigue pasando y no por repetirlo es un adoctrinamiento, es un grito desesperado de aquellas que vimos como ser mujer era ser madre e hija cuidadora. Una llamada de atención sobre la continuidad de los hechos. Cuando creíamos que todo había empezado a cambiar, encontramos nuevas generaciones que siguen poniendo en segundo plano a la mujer.
No necesitamos sólo celebraciones que pongan en el centro a la mujer, necesitamos educar a nuestros hijos y nietos en la igualdad. No se nace sensible por ser mujer ni con cierta habilidad para cuidar a los niños y a los mayores. Todo eso son habilidades aprendidas, un arte que nos han inculcado desde pequeñas. De hecho hoy en día, sigue siendo llamativo ver un hombre sensible, aunque cada vez menos, o eso espero.
Quizás, junto con la recuperación de la buena costumbre de saludar deberíamos poner en práctica la buena costumbre de educar a nuestros niños y por qué no, a los no tan niños. Al fin y al cabo
Lo primero es la educación
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