Hay tantas formas de aprender, estudiar, observar, escuchar, pero creo que la más efectiva es equivocarse. Nadie aprende a andar sin caerse, ni a hablar sin causar alguna que otra sonrisa, es inevitable. Pero en todas estas ocasiones hay un factor común, el maestro, el que nos explica, orienta e incluso reprende. Ese maestro no tiene por qué ser la persona que nos corrige, simplemente puede ser la vida, el tiempo.
Somos seres racionales, o al menos así se nos define, y a veces al mirar atrás vemos nuestros errores y sobre todo vemos dónde nos han llevado. Esconder esos errores es privar a quien está aprendiendo de un pilar básico, el conocimiento. Para no caer dos veces en el mismo socavón es necesario señalizarlo. Entonces no comprendo porque hay que cambiar libros, canciones, en definitiva, historia para que las mujeres tengan un protagonismo que no tuvieron. No debemos ensalzarlo pero tampoco ocultarlo, existió forma parte de nuestra historia, de esa que no nos gusta pero que existió. Además haría caer en el olvido a esas mujeres que lucharon e incluso se dejaron la vida en el intento de hacerse y sobre todo de hacernos visibles, esas a las que le debemos lo que tenemos y a las que tenemos que tener siempre presentes.
Pudiera ser que en un futuro no muy lejano, el ser humano que es racional pero con muy mala memoria, volviese a caer en ese mismo error porque ya no se acuerda de las consecuencias. La radicalización es un problema de falta de memoria, de edu y de conocimiento. No hay peor enemigo que olvidar e incluso maquillar las dictaduras sean del signo que sean y tengan los ideales que tengan. La anulación de las personas es repulsiva pero no podemos ignorar que existió.
Eduquemos en vez de tapar agujeros, aprendamos de las cimas y de las profundidades más vergonzosas porque esta es otra forma de educar de
Aprender
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