¿Qué miras?

– No sé. Realmente no sé lo que estoy mirando, sé lo que no quiero ver.

– Pues no te creas nada original, la mayoría hacemos lo mismo.

Es curiosa la capacidad que tenemos para evadirnos de la realidad, para quitarnos de en medio y sobre todo para hacer la vista gorda. Cuántas veces hemos vuelto la cabeza cuando se acercaba alguien con la mano extendida, o cuando veíamos al conocido pesado, ese que siempre está solo porque todos lo evitamos. Y como colofón, que levante la mano el que después de ver a su hijo hacer una travesura en el límite de lo permitido, se ha dado media vuelta y ha hecho como si nada. La próxima vez le riño, ahora estoy cansado.

¡Ah bueno! Pero eso es normal. ¿Seguro? ¿Quién decide lo que es normal? ¿Cada uno?

Pues sí, por eso nos permitimos el lujo de criticar a los que miran para otro lado, a los presidentes de las naciones que parece que no ven lo que pasa. Por ejemplo en Afganistán.

Es curioso, lo que parecía un mal sueño se ha convertido en una horrible pesadilla para las mujeres y los niños de ese país. Lo peor es que parece que se trata del conocido pesado, ese que siempre está sólo porque todos lo esquivan.

¿Qué diferencia hay entre nuestro mirar para otro lado y el de los dignatarios? Que el nuestro es menos notorio, tiene menos consecuencias cuantitativas, pero en el fondo también hace daño… Y mucho.

Así que tal vez deberíamos preguntarnos qué no queremos ver y hasta que punto llegaríamos para volver la mirada, eso sí de forma discreta, de forma que no se note.

Pudiera ser que en este punto ya no debamos cambiar la mirada sino tomar conciencia de lo que podemos hacer, de lo que podemos cambiar sin ser presidente de alguna potencia.

Y ahora te vuelvo a preguntar

¿Qué miras?

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