Pero ayer ya me dijiste eso, y antes de ayer. Bueno pero esta vez es la de verdad, es el mañana definitivo. ¡Qué pesadez! Cuántas veces decimos lo mismo, ya sea para comenzar un régimen, para dejar de fumar, para ir al gimnasio. Mañana empiezo o la otra opción, el lunes empiezo, voy a dejar pasar el fin de semana.
Tenemos una capacidad de previsión envidiable. ¿Estamos seguros de que habrá un mañana? ¿Un próximo lunes? Nos hemos metido en la autopista de la seguridad, esa que nos dice que todo va bien y lo que es mejor, que todo va a seguir yendo bien.
Y mientras, la inercia nos hace dejar para un futuro no muy lejano ese viaje o esas vacaciones, lo aplazamos todo. Ese beso, ese abrazo, ese te quiero. Si ya sabes que te quiero, para qué tengo que decírtelo otra vez. Y de repente ese mañana no llega, esa situación perfecta que habíamos soñado no ocurre, y a fuerza de buscar el momento mágico hemos perdido todo el hechizo, y lo que es peor, hemos perdido la oportunidad.
No hay que buscar ese momento, hay que hacer que ese momento sea ahora y eso es lo que lo convierte en mágico. Tenemos que tomar conciencia de lo necesario que son los abrazos, los te quiero, las demostraciones cuanto más frecuentes mejor de lo que significan para nosotros ciertas personas.
Como para nuestro cuerpo, el ayuno intermitente limpia el alma, pero también adelgaza la unión, los lazos que nos mantienen unidos. ¿No os pasa que a fuerza de no expresar los sentimientos cada vez necesitamos manifestarlos menos? La distancia se alimenta del vacío que también alimenta la indiferencia.
Definitivamente mañana empezaré a ser más indiferente, más distante. Hoy voy a demostrar lo que significan para mí las personas importantes en mi vida. Mañana dejaré de ser pesada.
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